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CNT-ZARAGOZA ANTE LA INSTALACION DE UNA BASE DE LA OTAN EN ZARAGOZA

Viernes, 15 de Febrero de 2008

No es tema novedoso, y no debe­ría asombrar, que Zaragoza es firme candidata a albergar una base de vigilancia de la OTAN. Esta candidatura, auspiciada por el Ayuntamiento a espaldas de la ciudad, implicará, en caso de salir adelante, la conversión de Zaragoza en un nuevo polvorín militar, como ya lo fue mientras padecimos una base del Ejército Estadounidense. Ante esta nueva ususrpa­ción de la voluntad popular, que­re­mos hacer patente, sin pretender ser exhaustivos, las razones de nuestra oposición sin ambages a la instala­ción de esta base aquí y en cualquier parte, a la propia esencia de la OTAN y a la realidad de los ejércitos.

En primer lugar, y atendiendo a su propia historia, sabe­mos que la Alianza Atlántica no es precisa­mente una organiza­ción filantrópica movida por la solidaridad: nace de la voluntad de perpetuar y expandir el sistema socio­económico democrático-capitalista por la vía militar. Por ello destacan los actos de agresión de que ha sido artífice y protagonista, y los muchos desmanes que ha cometido con práctica­mente total impunidad. Así, la OTAN ha tomado parte en las invasiones de Afganistán e Iraq, como ya lo hiciera en la guerra de Yugoslavia. La lejanía en el tiempo no nos impide recordar que la Alianza, en 1995, realizó bombardeos masivos contra la República Serbia de Bosnia, arrojando unos 10.800 proyectiles. Tampoco nos permiten el dolor y la náusea olvidar la forma en que la OTAN, en 1999 y bajo el pretexto de la llamada“guerra humanitaria” de Kosovo, lanzó 31.000 proyectiles de uranio empobrecido, es decir, unas 9 tonela­das de dicha sustancia. Sus efectos todavía afectan a los habitantes y al medio natural de la zona. Es a todas luces un hecho evidente que la Alianza, como cualquier Ejército, aprovecha la mínima ocasión para practicar nuevas formas de destrucción si con ello alcanza la cifra de bajas necesaria para lograr sus oscuros objetivos. Y todo ello sin rendir cuentas a nadie.

En segundo lugar, los intere­ses de la propia organiza­ción no son los de los pueblos que dice proteger, sino los de sus élites económi­cas y políti­cas. La OTAN, último bastión del neocolonialismo que en otro momento provocó la Guerra Fría enfrentando a los imperios de la URSS y EEUU, es el brazo armado del liberalismo económico, un medio para hacer anó­nima la presión y la intervención militar de sus Esta­dos miembros. Es garante de la estabilidad del libre mercado europeo y norte­americano y es, en último término, el sica­rio del capital español. Deseosa de dictar un futuro que le resultara cómodo, ha hecho fértil el desierto con el llanto de los trabaja­dores y sus hijos. Mientras, a nosotros, la OTAN nos ha convertido en “el otro” expolia­dor para yugoslavos, afganos e iraquíes, haciéndonos, en tanto que ciudadanos de un Estado miembro, enemigos a los ojos de sus víctimas. No es casualidad que, al borde de la crisis energética, los pueblos que han sufrido a esta infame organiza­ción posean abundantes reservas de petróleo y gas, así como la infra­estructura necesaria para su exporta­ción. Tras todas estas misiones “humanitarias” y “de paz” se esconde el más rancio colonialismo y un mise­ra­ble afán explota­dor, el robo encubierto a países pobres que tienen abundancia de las materias primas necesarias para nuestra voraz forma de producir y consumir.

Por último, resulta insultante la sola idea de militarizar todavía más Zaragoza, habida cuenta de que un 40% del suelo zaragozano es actual­mente utilizado para fines milita­res (en el caso del Campo de Maniobras de San Gregorio, sus 33.839 hectáreas lo hacen el más grande de toda Europa). La ciudad, que tiene a gala autodenominarse “de la paz”, padece ya una presión insospechada por parte del Ejército, que condiciona incluso la investiga­ción y rela­ciones de la Universidad. Como trabajador@s nos nega­mos a aceptar la falacia de la supuesta crea­ción de empleo directo e indirecto que trae­ría la base: sus volunta­rios directa­mente son asesinos y sus proveedores indirecta­mente cómplices. Que nadie se llame a error, el único “empleo” que ha de traer es el reclutamiento, y no hace falta decir que matar no es un oficio.

No que­re­mos vivir en un polvorín. Por supuesto, no que­re­mos ser un objetivo de primer orden para los enemigos políti­cos de la OTAN, pero menos aún serlo por facilitar con nuestro silencio su labor genocida. Por ello no sólo no que­re­mos que Zaragoza sea la ciudad escogida, nos nega­mos a la construcción de más bases milita­res en ninguna otra parte. Por todo ello, ani­ma­mos a todos los trabaja­dores de Zaragoza y del mundo entero a movilizarse y luchar contra las atrocidades que esta recua de mercena­rios comete cada día. Se nos ha dicho con cierta insistencia que la OTAN está para defender a “Occidente” de “Oriente”, acentuando la diferencia, sugiriendo que lo diferente es Terror; incitando a la división y al odio racial. A esto, nosotros responde­mos: un Ejército, cualquiera que sea, única­mente puede defender los intere­ses de quien vive entre el privilegio, el parasitismo, el lujo y la especulación.

Avance­mos juntos. Los trabaja­dores “de Occidente” debe­mos fortalecer nuestra unión con nuestros hermanos “de Oriente”, asumir que nuestros problemas son los mismos, y volver la mirada contra quienes son los verdade­ros responsables y beneficia­rios de esta situa­ción. Lo suyo son pesadillas. Lo nuestro no son sueños.

CNT-Zaragoza Sin categoría

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