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Contra 12: El niño ahogado

Miércoles, 13 de Agosto de 2008

 Estuvimos otra vez con la abuela de Carmen, pero ahora había pasado lo del morico ahogado en los estanques que han hecho en el parque inundable, un negocio de baños vallado con una tela de alambre.

     –Me importa un pito lo del dragado, si pienso en ese chavalico y su familia –decía el Quique.

     Esta­ban de paso con su padre y su tío, erán de Montpelier. Que­rían bañarse, tenía cinco años, y se le fue un momento al tío sin darse cuenta.

     Carmen decía que no hay que mezclar. Pero es inexplicable, había bastante gente en la playita esa. Había tres ambulancias en el recinto de la Expo y para atenderlo tuvo que venir otra desde el hospital Miguel Servet, en la otra punta de Zaragoza, a más de 4 km. Lo explican por causa del “protocolo oficial”. La ambulancia oficial estaba siguiendo a la comitiva de Mauritania.

     -¿Es broma? –preguntó la abuela.

     Pero lo más curioso es lo de la “normativa oficial”. La empresa muy ufana dice que la normativa no les exigía tener socorrista pero a pesar de eso lo tenían; que sólo se exige para bal­sas de 1,60 cm. de hondo, y la suya tiene 1,40 cm. ¿Pero qué dicen?

     La gente avisó de que había un cuerpo flotando. El socorrista hizo lo que humana­mente pudo y sabía. El socorrista, uno. Pero ¿para cuántos metros cuadrados?

     La abuela nos lo recordó, ha llevado muchas veces a su nieta a las piscinas municipales. Y todos nos acorda­mos de críos de las broncas que nos echa­ban, cuando hacía­mos el gamberro, saltando de cabeza. En todas las piscinas municipales hay permanente­mente dos socorristas. Y el agua es transparente, y la de esas bal­sas es turbia.

     Desde luego es la normativa más barata. El conjunto de este negocio ocupa 16.700 metros cuadra­dos, la playita tiene 5.000 m2, y las bal­sas por lo menos otro tanto. Todo para un socorrista o vigilante, no sabe­mos exacta­mente. Y las bal­sas están abiertas de 10 á 20,30 horas.

     La explica­ción oficial es que ha sido un desgraciado accidente. Mientras tanto ha seguido y sigue la jarana, las buenas comidas y los ágapes para los invitaos y los que pueden pagar­los. La gente sigue yendo a la playita. En otros tiempos salvajes, con otros protocolos, el lugar se habría declarado mal­dito y no se habría vuelto usar, ni a tocar, hasta ser purificado, (en el principio con humanos, después con el sacrificio de algún ani­mal).  Y en otros más civiliza­dos hasta que no se hubiera revisado esa mise­ra­ble normativa y puesto los medios para que ese caso nunca vuelva a repetirse. Pero ahora tene­mos mucho respeto por los ani­males, casi como a las personas. Sólo cerra­ron el día fatídico.

     El día 1 de agosto anunció la prensa que la empresa había contratado –se supone que el día ante­rior, tres días después de la desgracia– dos socorristas más. ¿Serán suficientes? ¿Qué jorna­das y turnos harán?

     Para la propaganda oficial de la expo el lugar de la tragedia es un espacio “anexo a la expo”. Tal vez por eso sus jerarcas no han dicho ni mú hasta ahora. Incluso el Periódico ha relegado la noticia a la página de sucesos, y fuera del suplemento que diaria­mente dedica a la jarana esa, los vermús, las fiestas vip y los saraos, como si no tuviera nada que ver con ellos –no así el Heraldo que lo ha publicado en prime­ras páginas.

     La abuela no tenía muchas ganas de hablar. Nosotros tampoco. Pero salimos al camino de la Mosquetera, y no podía­mos parar: habla­mos del luto, de los sacrificios, de los accidentes que huelen siempre a negocio, a dinero. Habla­mos de los miles de seguratas y seguratos, de los polis de todos los colores, de los guardaespaldas y perros que había­mos visto estos días en la expo. Al Goyo le habían registrado dos veces (6 policías secretas) ese mismo día en el Parque Grande, ¿por llevar los pelos largos y tener cara de no haber ido a la expo?  Veía­mos la patética escena de los bombe­ros saltando la tela metálica para intentar ayudar… Ya han pasado unos días. En la prensa no hemos conseguido leer todavía el nombre del chavalico o el del padre, supone­mos que éste no querrá darlo. En un poema de la Carmen dice “ahora que los muertos viven menos”. Ahora todos nos vamos de vaca­ciones. El dolor quedará sólo para los padres y allega­dos. Habla­mos de las playas y las pate­ras, echa­mos unos cuantos juramentos más sobre los jerarcas y sus negocios, y nos comprometimos una vez más a luchar contra ellos hasta el fin. Habla­mos de los sin nombre y de los olvida­dos, de los que nunca aparecen en los libros de historia. Y el Rubén nos contó de un documento de las huertas de Zaragoza, de 1410 que decía que Faraig de la Madrina, moro de Cuarte, se obliga a pagar la multa que merezca “Mahoma de la Madrina, fillo mio que fue trobado agora destos días culliendo uvas… en una vinya en la Guerba do dizen la Romareda”.

CNT-Zaragoza Sin categoría

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